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La clase de algebra lineal organizo la masa estriada de mis sueños.
Las boards me educaron en la arquitectura del silencio.
Cortázar me enseñó la improvisación del movimiento de un tres que quiere ser nueve.
Las cortinas me indicaron lo poco que me gusta el encierro.
Las manos tibias en el cuello se susurraron como dar besos.
La manecilla inagotable del reloj me dijo qué era el no-tiempo.
Ahora solo veo el silencio cromático del blanco, todo en blanco, todo en blanco, todo como un gran cero, que se traga los colores en formas de números [y sueños], la masa esponjosa del miedo [puros poros y silencio].
Y elevo mi letanía a Cortázar, que es mi dios en el silencio [0]